Muchos fisioterapeutas vemos pacientes con dolor en nuestras clínicas. Algunos de ellos mejoran, otros no. A todos nos gusta plasmar esos casos donde se han conseguido buenos resultados y los no tan buenos suelen quedar en la sombra. El objetivo de este post es dar luz o generar la curiosidad a aquellos pacientes que tras varios diagnósticos o tratamientos no han conseguido dar solución a su dolor. Esos pacientes que no encuentran una explicación médica a sus síntomas. ¿Qué mejor que la historia de una paciente que ha pasado por una historia similar a la suya y ha encontrado respuestas a sus preguntas? La historia de Sara quizás pueda ayudar a personas que puedan verse identificadas con su relato y a dar visibilidad al papel del conocimiento en neurobiología del dolor.

Vamos con la historia de Sara, una paciente con un dolor complejo…

Hola a tod@s! Os cuento mi experiencia con el fin de poder ayudar a otras personas que pueden estar viviendo alguna situación parecida y así tratar de abrir otras opciones en su búsqueda. Hace ya más de 5 años, empecé con un cierto dolor de cuello que, por motivos de estudio, se relacionaron con una mala postura, muchas horas de escritura o la tensión vivida. Y así, durante años, mi vida se centró en buscar solución a un dolor que no se iba. Pero os cuento más detalladamente…

Los primeros meses se centraron en hacer sesiones de fisioterapia con todo tipo de técnicas. Pero esto no consiguió la desaparición de mi dolor. Más bien al contrario, el dolor bajó hacia el brazo derecho con hormigueo y agarrotamiento de los dedos de las manos. Obviamente, las visitas a urgencias y médicos fue constante hasta que se realizaron las pruebas relacionadas (resonancia y placas) en las cuáles no salió nada que explicase mi dolor. “Rectificación de la lordosis cervical, abombamiento discal difuso con osteofitos asociados a la  C5 Y C6”. Algo que todos los especialistas visitados coinciden en que cualquiera que se haga una resonancia seguramente pueda tener incluso los mismos resultados y no tener dolor. Pero ahí seguía yo con mi dolor y sin encontrar respuestas.

El dolor pasó del cuello y brazo a toda la espalda y cabeza con una intensidad que no me permitía hacer vida normal. Durante muchos meses, las pastillas y la realización de ejercicios específicos continuaron pero me limitaron mucho la vida. Yo continué con las sesiones de fisioterapia, con tratamientos diversos, y de nuevo, buscando especialistas de todos los campos. ¿La solución? Muévete y toma medicación para el dolor… Pero yo seguía haciendo todo lo que me decían los diferentes profesionales y mi dolor continuaba.

Después de más de 2 años de dolor intenso, sin encontrar explicación a él…más allá de “será la tensión, el estrés o mi mala postura”, yo continuaba sin saber el porqué del problema. Además, toda mi vida y todo lo que hacía se centraba en tratarlo. No significa que no continuase viviendo y haciendo todo aquello que quería pero las limitaciones eran en los actos más simples y cotidianos; postura para acostarme, postura para estudiar, postura para limpiar los platos, no cargar con la compra, evitar conducir por sí causaba tensión…y una serie de etcéteras que inconscientemente hicieron transformar todos mis hábitos. Automasajes, estiramientos continuos, frío y calor en las zonas…. Podría hacer una larga lista de acciones que hicieron que toda mi atención, a pesar de no querer, fuese 100% a cada zona de mi cuerpo con dolor.

Las casualidades de la vida, y en esa continua búsqueda de la solución, encontré a Jesús con el cual empecé a comprender el punto principal y base de mi problema durante parte de esos 5 años: el dolor. Casi de manera repentina, ¡todo mi proceso tenía una explicación! Tenía sentido todo lo que me había pasado y además, ¡estaba escrito en una infinidad de artículos científicos! Las sesiones para su comprensión con Jesús, le daban respuesta, por primera vez en 5 años, a aquello que me estaba pasando. Tengo que decir que al principio no fue tarea fácil porque toda aquella información chocaba de frente con mis creencias durante años y años. Pero poco a poco, reflexionando, me di cuenta que casi todo lo que creía anteriormente no era correcto en realidad. Y claro, salir de la incertidumbre y cambiar el pensamiento y las rutinas de años es duro en principio, pero con una gran recompensa después.

Tienes que empezar a creer en que eres una persona sana, que no hay un problema real y físico que te provoque el dolor, y que por lo tanto, tu vida tiene que dejar de centrarse en él. Eso ha supuesto muchas cosas: sentarme cómoda sin tener que pensar en la postura de la espalda, dejar el gym porque el motivo de ir era por el dolor (me volví a apuntar por ganas y sentirme bien y no para solucionar nada….) así como no volver a ningún fisioterapeuta para tratar ninguna contractura o tensión en mi cuello y espalda ya que me causaba justo efecto contrario. Todo lo que hacía para librarme del dolor, empeoraba mi dolor después. Y es que, una de las cosas que he aprendido es que, darle toda esa atención a la zona 0 (la problemática) supone decirle todo el tiempo al cerebro que ahí hay un problema y claro, para protegerme, ¡él responde con el dolor para que yo haga algo al respecto!

La experiencia ha sido muy positiva para mi percepción del dolor actual pero también para poder afrontar situaciones futuras. Simplemente, gracias!

Sara Fita