Mi primera semana twittera ha sido de lo más interesante. He aprendido rápidamente que con ciento cuarenta caracteres se puede a veces decir mucho, otras veces muy poco y que incluso en ocasiones se puede ofender al prójimo. Así son las cosas en esta sociedad de comunicación constante, la que nos ofrece 24 horas para meter la pata hasta los corvejones. Por eso agradezco una vez más a Jesús Rubio su amistad y su generosidad prestándome su blog para aclarar cuestiones y deshacer entuertos. Gracias Jesús.

El término manitas lo aplico en las mismas circunstancias en las que me lo aplicaron a mí en su día: fisioterapeuta con la destreza manual suficiente para destacar sobre los que le rodean. No pretendo una alusión despectiva sino una llamada de atención a lo que hacemos: los fisioterapeutas, incluido el que suscribe, tenderán a triunfar en su práctica clínica cuando sus dotes de revisión del historial clínico, anamnesis, examen clínico y diagnóstico diferencial le lleven a ejecutar la técnica manual determinada, prescribir el ejercicio necesario o aplicar una modalidad terapéutica precisa para tratar la lesión o la enfermedad. En esta profesión necesitamos más cerebro que manos; lo digo una vez más y no me cansaré de repetirlo: unas manos llenas de cerebro son infinitamente más poderosas que un cerebro lleno de manos. Precisamente como Fellow en Terapia Manual trato de defender ese modelo clínico y llevarlo a mi práctica diaria. Tocamos a un paciente al final de nuestro examen clínico, cuando tenemos una clara idea de lo que sucede; el terapeuta manual experto utiliza la palpación para refinar, no para definir. De ahí que afirme que no necesitamos manitas ni artistas ni gente con manos virtuosas, necesitamos grandes dosis de razonamiento crítico. Nada que objetar a ser un manitas… siempre y cuando la práctica basada en la evidencia guie esas manos. Mis pacientes aprecian que tenga experiencia en técnicas manuales pero lo que de verdad aprecian es que les ayude a encontrar lo que llamamos the cause of the cause, la causa última que se esconde tras los síntomas que le trayeron a mi mesa de tratamiento.

Por todo esto me duele que la osteopatía en España al parecer pretenda recortar nuestras competencias y hacer de su capa un sayo con la Terapia Manual y el diagnóstico diferencial. A ver si nos enteramos de una vez: la Terapia Manual es una parte importante de la Fisioterapia y ni la inventó Still en Missouri ni Palmer en Utah. Comprendo y aplaudo la iniciativa de las escuelas de osteopatía en cubrir el tremendo vacío existente en la formación académica de los fisioterapeutas; los egresados que salen con profundas inquietudes, rebotados de cursos cutres y seminarios aún más hediondos, acababan en escuelas osteopáticas simplemente porque son gente brillante, se sienten decepcionados tras tres años de pasteleo y traen hambre atrasada de conocimiento serio. Por esa razón las escuelas de osteopatía, de la mano de franceses y sudamericanos, han triunfado en España y se merecen el triunfo; como decimos en mi pueblo, a rio revuelto ganancia de pescadores. Pero no les culpo; joder, si me hubieran dado la oportunidad de seguir estudiando osteopatía cuando salí de la escuela en 1988 no habría dudado un instante en hacerlo. La cosa es que esos pescadores, ilustres y respetables a más no poder, parecen haber decidido que la Terapia Manual es Osteopatía y que el diagnóstico diferencial tan solo puede ser ejecutado con éxito por un osteópata y por ahí el que suscribe no pasa ni con vaselina. ¿Guys, what the fuck?

Soluciones al estado actual de la fisioterapia se le pueden dar muchas pero, en mi opinión, todas pasan por el mismo camino: sería buena cosa que el primer paso se diese hacia conseguir que la educación universitaria que reciben los fisioterapeutas en España, los expertos en medicina musculo-esquelética, deba tener un contenido importante en Terapia Manual, farmacología, neurología, psicología, radiodiagnóstico, diagnóstico diferencial y examen clínico, así como conocimientos cuanto menos básicos de medicina interna, medicina deportiva, traumatología y medicina cardiovascular por poner las materias que me parecen más relevantes. No se basa todo en farmacología aunque, por alguna razón, a algunos en Twitter les ha sorprendido que la traiga a colación. Les aseguro que la revisión farmacológica del paciente es tan solo uno de los elementos en juego cuando evalúo un paciente y establezco un tratamiento; un elemento importante pero tan solo un elemento más; cuando lo tengo a mano también le echo un vistazo al BUN, al hematocrito, al PTT, a los niveles de hemoglobina, creatina, glucosa y leucocitos… no ordeno analíticas pero definitivamente me interesa revisar esos niveles como un elemento más en mi proceso de diagnóstico diferencial y antes de comenzar un tratamiento. Las escuelas han mejorado mucho trayendo estos conceptos a las aulas pero aún les queda mucho camino por delante; es necesario cooperar y aportar con dedicación y rigor científico para que todos, estudiantes, profesores y profesionales obtengan una Facultad de Fisioterapia de la que sentirse orgullosos. El potencial está ahí, hay que luchar por él.

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Me disculpo sinceramente si le he tocado las narices a alguien. Es cierto, he entrado en Twitter como un elefante en una cacharrería y, si he ofendido a alguien se debe a mi inexperiencia, no al deseo de ofender ni molestar. He encontrado por el camino buena gente que ambiciona rigor científico y pensamiento crítico y a ellos les envío desde aquí un abrazo. Sois el futuro de mi profesión en España, the thin blue line que previene un daño tremendo a la Fisioterapia en España. Lo dejo por el momento para no alargar esta entrada aunque me queda bastante que decir para el que quiera leerlo. Finalmente pido a la parroquia twittera que, cuando lea cualquiera de mis entradas en este blog, tenga en mente esta simple verdad: nací fisioterapeuta y en Valencia se limitaron a darme un título universitario. El intruso que os jode la clínica me jode a mí, odio al que permite que os paguen una sesión a cuatro euros y pretendo ante todo que a los fisioterapeutas españoles se los rifen allá donde vayan. Busco autonomía profesional y excelencia clínica en Fisioterapia. ¿Es mucho pedir?

Próxima entrega: Licencia Profesional, educación continuada y Examen Nacional de Fisioterapia. ¿El futuro?

José A. Polo Traverso, PT, DPT, FAAOMPT, CFCE, BRS, CCCE

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