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Fisioterapia en constante movimiento

Un blog de Jesús Rubio

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fisioterapia

Movimiento y función

El cuerpo humano es uno de los sistemas más complejos que creemos conocer. Para intentar entenderlo mejor se han construido modelos o empleado metáforas que lo simplifican aún induciendo al error. Eso sí, cada modelo puede tener una visión diferente pero nos facilita la organización de ideas para simplificar las cosas hacia una realidad que nos resulte cómoda. Y este constructo de la realidad nunca podrá ser una representación completa de lo que vemos u observamos sino de lo que creemos ver.

Así pues, los modelos de pensamiento que utilizamos en fisioterapia no son espejos de la realidad sino simples reflexiones que nos pueden ayudar a tener una aproximación a ésta. Generar ideas para hacer encajar nuestra realidad clínica u operativa en base a nuestras creencias no es del todo válido y, además, es terapeuta dependiente. Sin embargo, nos aportan una perspectiva amplia de lo que estamos evaluando. El objetivo de esta entrada es reflexionar sobre la perspectiva que tenemos los fisioterapeutas sobre nuestro paradigma de actuación que, según la WCPT, nos contempla como “profesionales del movimiento y la función”.

El contexto sociocultural anclado en el modelo biomédico ha distorsionado la identidad del fisioterapeuta. Durante años se ha buscado y se sigue buscando la “causa” con un enfoque estructuralista del problema. Esto ya lo sabemos todos. Los modelos biomecánicos se han utilizado para intentar comprender el porqué de las cosas. Pero del mismo modo que las pruebas de imagen no han mostrado una relación con los síntomas en la mayoría de los casos, patologizar el movimiento para intentar comprender el dolor en base a “disfunciones del movimiento” es del mismo modo estructuralista. Pero esto no es el paradigma del movimiento del que estamos hablando.

Esta educación nos ha podido llevar a muchos a tener una visión reduccionista del sistema de movimiento, atendiendo demasiado al dolor como problema principal del paciente. El ejercicio correctivo y el análisis del control motor han sido una “moda” ampliamente extendida entre los fisios que ha llevado a un enfoque demasiado centrado en la mecánica del movimiento y no tanto en el sistema de movimiento humano.

En este sentido, “movimiento y función” debe ser correctamente interpretado desde un punto de vista que contemple el sistema de movimiento humano en toda su globalidad, incluyendo no solo el aparato locomotor sino también al sistema nervioso, sistema endocrino, sistema inmunitario, sistema cardiovascular o sistema respiratorio. En este sentido, un fisioterapeuta debería aplicar herramientas clinimétricas no solo en busca de analizar alteraciones del movimiento o estudiar los mecanismos del dolor sino también cuantificar las capacidades funcionales de la persona según su contexto. Estamos muy centrados en reconocer síndromes clínicos para intentar mejorar nuestros tratamientos con estrategias de movimiento (en su mayoría, pasivas) pero, esto, sigue estando anclado en el modelo patoanatómico en cierto modo. El dolor es un motivo de consulta frecuente en nuestras consultas (hablo como fisio musculo-esquelético), sin embargo, lo que verdaderamente importa en nuestra profesión es mejorar las capacidades funcionales de nuestros pacientes. No solamente mejorar el dolor sino, mediante ejercicios, hacer una exposición gradual al movimiento (y función).

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Si bien es cierto que no podemos saber de todo (para eso deberá existir cada especialidad que atienda a cada uno de los subsistemas de movimiento), debemos tener una perspectiva macroscópica de un sistema de movimiento. Y aquí es donde reside la crisis de identidad ya que una vez se consideran mecanismos del dolor, aspectos biomecánicos o de control motor…nos olvidamos de la función. Partiendo de esta línea base es donde debería continuar el papel del fisioterapeuta dirigido a recuperar la función. Lo anteriormente dicho son solo una línea de partida para ayudar a los pacientes a moverse y como “especialistas del movimiento” intentaremos dosificar correctamente la carga (volumen de ejercicio, intensidad, frecuencia, hábitos posturales, trabajo, etc.) para mejorar la capacidad de adaptación de los tejidos. Muy importante saber las condiciones basales de cada sistema de movimiento para conseguir administrar una correcta dosis de trabajo y conseguir buenas adaptaciones neuromusculares y/o metabólicas dependiendo de nuestro objetivo terapéutico. Pero para esto hay que disponer de formación mas allá del pilates o el yoga (con mis respetos).

Ahora vamos a contemplar de nuevo uno de los modelos de pensamiento más brillantes que existen en fisioterapia para que nos ayude a comprender de una forma simple cómo funciona un sistema de movimiento, el Modelo del Organismo Maduro (Louis Gifford, 2013). Este modelo orgánico integra tres niveles que son indivisibles: de entrada o “input”, nivel de procesamiento (el cerebro procesa la información multisensorial) y nivel de salida o “output” (elaboración de una respuesta). Este modelo ha sido ampliamente difundido para que los terapeutas tengamos una visión amplia de cómo funcionan los mecanismos relacionados con el dolor pero, del mismo modo, nos puede hacer comprender el sistema de movimiento en su globalidad.

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Parafraseando al gran Roy LaTouche…

“La principal alteración de un paciente con dolor es el movimiento (y la función). Es un error no estudiar la motricidad en pacientes con dolor”

Por otro lado, la cognición y el movimiento son indivisibles y determinantes para producir cambios corticales adaptativos en diferentes poblaciones clínicas (no solo músculo-esquelética). Independientemente de seguir buscando posibles causas (o “cosas” como dicen por ahí) y de hacer uso futuro de la tecnología a nivel del sistema nervioso central, sigamos intentando ser “especialistas del movimiento” haciendo buen uso de la profesión. Educación siempre, terapia manual como exposición al movimiento y ejercicio terapéutico como potente herramienta en busca de mejora de capacidades físicas y funciones.

Comprendiendo el Modelo del Organismo Maduro y pensando en la cita de Zusman…el movimiento (y la comunicación) como potente aferencia (input) que favorece cambios corticales (procesamiento) y respuestas neuromusculares y metabólicas adaptativas (output) dentro de un sistema de movimiento. ¿Resultado?: Ejercicio terapéutico.

Saludos.

Jesús Rubio

Fisioterapeuta

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EXPECTATIVAS

En fisioterapia existen dos tipos de perfil profesional, el técnico y el basado en razonamientos en búsqueda de soluciones. En mi opinión hace falta una correcta combinación de ambos, siendo el razonamiento la parte primaria y el técnico la secundaria. Algunos compañeros emplean lo técnico como herramienta principal durante su praxis, otros preguntan y estudian en mayor profundidad la información relevante aportada por un paciente para aplicar, si es necesario, una determinada intervención (para mí, las 3 principales: educación, ejercicio terapéutico y terapia manual).

La fisioterapia NO es una disciplina alojada en un concepto de “salud y bienestar” sino una profesión basada en el conocimiento y competencia dentro de un marco ético profesional. Por este motivo, la aplicación de una determinada técnica (masaje, estiramiento, punción seca, movilizaciones, electroterapia, etc…) debe estar respaldada tras un razonamiento del porqué, cuándo, para qué…lo contrario ya no entraría en este concepto de fisioterapia del que estamos hablando. La fisioterapia no es “salud y bienestar”, es una profesión sanitaria.

Ayer mismo un estudiante solicitó prácticas en mi centro y durante la entrevista me dijo “me han dicho que me dejéis tocar a los pacientes”. Esto refleja el error de concepto que se fragua desde las universidades donde parece ser que se siguen formando “técnicos” en lugar de profesionales. Esto supone un grave problema que se perpetúa durante años y años pero, por suerte, cada vez hay más y mejores docentes transmitiendo ideas y conceptos cercanos a la fisioterapia desde donde tiene que ser, desde las bases. NO se puede TOCAR a ningún paciente sin SABER qué, cuándo, cómo, porqué, para qué…fomentar eso desde las bases es fomentar la incompetencia profesional, el desconocimiento.

La base es una buena HISTORIA CLÍNICA y, para esto, primero hay que estudiar mucho sobre ciencias básicas, hay que SABER, y, segundo, hay que aprender a razonar con criterio para determinar aquellos hallazgos que son relevantes y aquellos que no lo son. Hay dos tipos de fisioterapeutas, los técnicos y los que buscan ayudar a sus pacientes buscando una solución. Cada paciente puede tener una serie de características individuales que lo hacen ÚNICO, por tanto, cada razonamiento debe elaborar una serie de hipótesis ÚNICAS dentro del marco “biopsicosocial” de ese paciente concreto que nos conducen al diagnóstico de fisioterapia basado en la CIF (ver imagen extraída de Fondevila E. Marco conceptual y definición formal de razonamiento clínico en fisioterapia. Fisio Divulg. 2015; 3(3);5-18).

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Ahora le damos la vuelta a la tortilla…¿cómo nos ven los pacientes?, ¿qué esperan de la fisioterapia cuando acuden a nuestras consultas? Pues por poco que no conozcan este concepto “basado en el conocimiento” del que hablamos, simplemente se le pregunta a alguien que haya ido al “fisio”, se hace una búsqueda en “Google” con la palabra “fisioterapia” o se consulta la publicidad de numerosos centros de “fisioterapia” y esta es la primera imagen que nos entra por los ojos:

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Pues a partir de aquí se comienzan a instaurar una serie de pensamientos y creencias a las que llamamos expectativas. Los estudios de Bialosky y Bishop en 2010 (Bialosky et al., Individual expectation: an overlooked, but pertinent, factor in the treatment of individuals experiencing musculoskeletal pain.Phys Ther. 2010 Sep;90(9):1345-55.) ya nos mostraron la importancia de la expectativa individual, un factor importante que no puede ser pasado por alto y que puede influir mucho en los resultados terapéuticos en pacientes con dolor musculo-esquelético. De hecho, estos estudios nos sugieren que las expectativas pueden tener un valor pronóstico que pueden superar, incluso, a las del tratamiento en sí. Flood et al. (1993) ya nos habló sobre influencias de las expectativas que pueden promover respuestas fisiológicas, modificar la visión de los resultados terapéuticos (positivos y/o negativos), cambios en la comprensión del problema (kinesiofobia), etc, etc.

Antes hemos hablado de que lo “técnico” no tiene concordancia exclusiva en lo que entendemos como “profesión sanitaria”. Ahora bien, cuando un paciente acude a una consulta de fisioterapia con sus expectativas creadas y, sobre todo en el ámbito privado donde tienen que abonar cierta cantidad de dinero, las expectativas se anteponen a cualquier “concepto” que tengamos nosotros mismos como profesionales, ya seamos “técnicos” o “conocedores”. Las expectativas previstas (lo que el paciente cree que va a ocurrir dentro de la consulta) son las más importantes a nivel clínico y deben ser incluidas como indicadores “pronóstico”.

En la primera entrevista con un paciente, tras recopilar datos personales (incluyendo tipo de trabajo o AVD), firma de LOPD y consentimiento informado sobre la posibles intervenciones de fisioterapia…me gusta preguntar dos cosas básicas: (1) ¿Cuál es el problema por el que acudes a consulta? y (2) ¿Cuál es tu objetivo?, ¿en qué crees que puedo ayudarte?.

Claro está que hay que atender a unos principios éticos como profesionales sanitarios y si el paciente nos dice “quiero que me des un masaje para quitarme este dolor lumbar que tengo desde hace un año” debemos preguntarnos más cosas…¿ese dolor supone un problema realmente o es que solo quiere un masaje?. Este punto debe ser crítico para hacer una buena lectura de cada caso y si realmente lo que se busca es un masaje, se da un masaje y punto. Si no lo damos nosotros como fisioterapeutas o lo derivamos a un compañero quizás ese “paciente/cliente” acuda a un pseudoprofesional (y a otro y a otro…) para que le den un masaje que alivie su “problema”. Luego nos quejamos de que hay intrusismo…

Si ese dolor lumbar supone realmente un problema en un paciente porque limita sus actividades diarias o genera una discapacidad, debemos hacer la lectura de que esas expectativas creadas no son reales, que con un masaje no vamos a solucionar su problema (ya se conocen los pobres resultados de los tratamientos pasivos en esta condición según la evidencia actual). Pero ojo, el paciente sigue pensando que un masaje es la solución porque eso es lo que comprende y ha visto de nosotros (de nuestra imagen). La ética profesional nos dice en ese momento que debemos educar a ese paciente ofreciéndole una información veraz basada en la evidencia actual y que debemos intentar ayudarle a solucionar su problema y, para eso, lo más importante es hacer una buena exploración subjetiva y objetiva.

Claro está que en este punto, otros factores como el sexo, la edad, el nivel educativo, las experiencias previas y otras características intrínsecas del individuo pueden condicionar nuestro razonamiento (y el suyo). Punto crítico donde la comunicación es fundamental para intentar ganarte la confianza de un paciente con sus expectativas (erróneas) creadas. En nuestras manos está hacerle ver que existe una vía a la solución del problema que antes no había contemplado. Podemos y debemos elaborar una exhaustiva historia clínica inicial, un correcto razonamiento clínico y elaboración de hipótesis pero si no satisfacemos esas “expectativas”, en algunos pacientes tendremos la batalla perdida desde el principio.

Manteniendo unos principios éticos, podemos sugerir al paciente un masaje como “parte” de su tratamiento para cumplir expectativas pero poco a poco emplear la educación como herramienta clave durante el proceso. Quizás, siendo inteligentes, podamos tener al paciente contento con sus expectativas pero acabar con él en el gimnasio haciendo ejercicios como el que más. Cumplamos nuestros principios como profesionales que basan su intervención en el conocimiento actual llevándonos a los pacientes a nuestro terreno de actuación. Creemos nuevas expectativas (positivas) en los pacientes. Que los pacientes comprendan su proceso de recuperación. Y como nosotros razonamos pero los pacientes también, pues oigan, ¿qué tal un masaje para ganarnos la confianza de este tipo de pacientes?…ya cada cual que decida el momento en que le damos este “premio”. Como bien dice Bishop, “el mejor fisioterapeuta del mundo es el que cumple las expectativas de sus pacientes”…pero también hay que dar a comprender que el mejor paciente es aquél que cumple con las indicaciones de su fisioterapeuta y se hace partícipe en su problema. No todos los fisioterapeutas y no todos los pacientes somos los mejores del mundo, claro está…dejemos claras las expectativas desde un principio entonces.

Saludos y gracias a tod@s

Jesús Rubio

Fisioterapeuta

 

Hablando de ejercicio terapéutico con Luis Fernando Prato

Este fin de semana hemos tenido por el centro al fisioterapeuta Luis Fernando Prato (@FisioPratoUS) desde Chicago (USA). Mucho que reflexionar tras su visita nos queda a todos los que asistimos a su curso y es que, lo queramos o no, la fisioterapia en España debería seguir en muchos aspectos al modelo americano. Los pacientes agradecerían ser asistidos por fisioterapeutas como Luis que se actualizan constantemente y pasan un examen cada 2 años para renovar su licencia que les permite seguir ejerciendo su profesión. No estaría nada mal que muchos fisioterapeutas españoles pasaran la “ITV” regularmente para evaluar sus capacidades clínicas mediante cursos avalados que incluyen formación con evidencia científica y módulos de ética profesional.

Sería bueno que en España existiera un estándar mínimo de “cribaje” tras la graduación, haciendo pasar a todo el mundo un examen nacional que asegure sus capacidades profesionales. Lo tengo claro, disponer de un título universitario no garantiza la competencia a nivel profesional.

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Hola Luis, encantado de tenerte compartiendo en este blog. Vamos con algunas preguntas…

 

¿Cómo se entiende el papel del fisioterapeuta en Estados Unidos? ¿se ven muchas camillas en los centros de fisioterapia?

Es un profesional de la salud en los Estados Unidos que trabaja de una manera independiente o en colaboración con el equipo médico para mejorar la función en población que haya tenido desordenes en el movimiento o disfunciones neurológicas o musculoesqueléticas. Nuestro paradigma ha ido cambiando de ser  proveedores de modalidades físicas pasivas a hacer agentes activos, expertos y promotores del movimiento.  Las camillas aún existen sin embargo, de hecho aún se le da un valor alto a la terapia manual; sin embargo es más común encontrar clínicas con gimnasios, con espacios abiertos y muchos  equipos de ejercicios.

¿Qué sentido tiene para ti la Terapia Manual en el manejo de los trastornos del movimiento?

Creo que muchos aun utilizamos  la que terapia manual como un “desacoplador” del dolor para ayudarnos a que el paciente empiece a moverse; para mí el valor del “touch” y de la terapia manual es más desde el punto de vista de prestar atención individual, o lo que llamamos acá “hands on”. Creo que algunas modalidades o agentes físicos cumplirían esta función también. Pero con una buena atención individual y una buena educación invirtiendo tiempo en la entrevista. Muchas veces no uso la terapia manual incluso en pacientes con síndromes dolorosos

¿Crees que se entiende bien en España el paradigma del movimiento o todavía estamos con los “agentes físicos” y anclados en tratamientos pasivos?

He tenido la fortuna de interactuar con muy buenos Fisios españoles. Hace 5 años cuando inicialmente me involucré en la participación en las redes sociales, entendí que el fisioterapeuta español está en constante aprendizaje y que tenían mucha pasión por utilizar la evidencia científica. Sin embargo, muchos de ustedes me decían que es un porcentaje muy pequeño en comparación a la gran mayoría de fisioterapeutas españoles. Cuando fui a España a hacer un curso, pude confirmar que el paradigma del movimiento y que la utilización de movimiento como tratamiento no es tan predominante como si lo es la utilización de terapias pasivas. De hecho me atrevería decir que en utilización de técnicas como la punción seca, la manipulación, y lo que ustedes llaman terapias invasivas, el Fisioterapeuta español es de los mejores del mundo. Para mí es un problema de oferta y demanda. Si lo pasivo es lo que se demanda, y no hacemos una buena educación para que se promueva la auto-eficacia del paciente, nada va a cambiar. Ahora, sí las terapias pasivas es lo único que se ofrece, no podemos culpar al público de perpetuar nuestra imagen de “masajistas” y hasta escoger intrusos que “hagan lo mismo”. Creo que a veces es nuestra culpa de que haya intrusismo, ya que por más razonamiento clínico y “ciencia” para aplicarlas, si no educamos al paciente en los verdaderos mecanismos fisiológicos de las terapias pasivas y mecanismos del dolor,  sin promover que ellos se muevan, el público va a buscar quien haga esta “técnica” con alguien que le cueste menos porque creen que esta es la cura.

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Háblanos sobre la prevención secundaria mediante ejercicio físico-terapéutico y/o correctivo, ¿necesidad o negocio?

La prevención es un tema bastante complicado. Creo que las intenciones son buenas y es nuestra responsabilidad promover el ejercicio en general como estrategia de prevención. Sin embargo hay que tener cuidado al utilizar “correcciones” biomecánicas por fuera del ámbito de deportistas, ocupacional o de artistas (incluso en estas poblaciones deberíamos ser cuidadosos con el lenguaje que usamos para “prevenir”) . Para mí , decirle al paciente que muy probablemente se va a lesionar porque se mueva de una u otra forma o por su postura puede ser iatrogénico ya que se lanza un mensaje de “miedo”. Ahora si somos honestos, y decimos que lo que vamos hacer es simplemente reducir ciertos factores de riesgo, promoviendo un movimiento más eficiente, sería más ético si se quiere “vender” prevención.

¿Qué opinas sobre el modelo cinesiopatológico y su aplicación en población sana?, ¿crees que puede tener algún tipo de beneficio o que puede prevenir la aparición de síntomas?

Sólo en poblaciones en las que la carga sea excesiva, O donde no se pueda utilizar un proceso de adaptación gradual; mencionaba a la población de deportistas, algunos artistas y/ o ocupaciones , como las poblaciones en las que a veces la biomecánica si importa. Sin embargo hay muchos estudios en los que se han observado adaptaciones anatómicas asintomáticas. En Italia hubo un estudio de adolescentes  jugadores  de fútbol con incongruencias femoroacetabulares. En Estados Unidos es muy común que existan asimetrías y diferencias anatómicas en lanzadores de béisbol. El modelo cinesiopatológico sólo es lógico si era la cantidad de la carga, la intensidad con la que la carga haya sido introducida, y para mí son más importantes los sistemas de apoyo como la resistencia cardiovascular, la fatiga y otras condiciones generales de salud.  No es lo mismo hablar de la cinesiopatología de un remador olímpico que ha entrenado desde su adolescencia, no fuma, tiene un excelente índice de masa corporal y hace levantamiento de pesas , que hablar de mi que voy a remar una vez al año cuando hago “camping”.

¿Qué criterios sueles emplear para la dosificación de cargas durante tus sesiones mediante ejercicio terapéutico? ¿qué variables sueles emplear en la medición de los resultados?

Yo utilizo la recomendaciones del Colegio Americano de Medicina Deportiva y de la Asociación Nacional de Fortalecimiento Acondicionamiento Físico que vienen resumidas en las siguientes tablas.

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¿En qué crees que fallamos los fisioterapeutas a la hora de adaptar la carga que aplicamos en fases intermedias o avanzadas en las que ya no hay dolor?

Lo que veo según mi experiencia es que algunos pecan de no tener paciencia en hacer un proceso de adaptación más progresivo, acumulativo y que añaden cargas muy elevadas en un tiempo corto de cicatrización. Sin embargo, otros pecan de ser muy conservadores y ni siquiera utilizan estrategias de carga o hacen un volumen muy bajo de ejercicios que no facilitan el proceso de adaptación del tejido. El error común en ambos casos, en mi opinión, es que no se comprenden los principios de dosificación y las variables que se pueden manejar y, algo fundamental, que debemos saber mucho de patología para saber en qué estado puede encontrarse cada tejido según la fase en la que nos encontremos.

 

¿Cuáles han sido tus principales referencias en relación al ejercicio terapéutico?

Yo estoy afiliado a nueve revistas que tienen revisiones de colegas. Las 3 que me dan más referencias con respecto al ejercicio terapéutico son: Strength and Conditioning Journal de la NSCA,  International Journal of sports physical therapy , y JOSPT.

¿Qué consejos darías a los jóvenes fisioterapeutas que acaban de terminar la carrera y no saben qué especialidad o formación postgrado realizar?

Siempre he dicho que no importa qué habilidades clínicas obtengas,  la habilidad más importante de nuestra profesión es saber interactuar con la gente. La interacción con los pacientes es muchas veces más relevante que la técnica que apliquemos. No sé si existen cursos o especialidades que enseñan esto pero sí es importante invertir en formación que nos haga no sólo mejores fisioterapeutas si no mejores personas . Para especializarse, mi consejo sería que se queden en la línea que los apasione. Lo otro es que no se dejen llevar por modas, sino que revisen la literatura existente sobre cada curso ofrecido. Hay ciertas formaciones que han sido duraderas (como la de McKenzie) porque no enseñan una técnica de moda sino que enseñan a razonar y se actualizan.

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Para finalizar comparto unas reflexiones de mi colega Paco Monteagudo con el que durante este fin de semana he tenido el placer de hablar mucho de FISIOTERAPIA…

“Es estimulante aprender de aquellos profesionales que se han preocupado en promover y potenciar el desarrollo de nuestra profesión como especialistas del movimiento humano.
Como diría mi gran amigo Rubén Rubio,📚Educación, 💫concienciación, 🔎rigor a la hora de filtrar tantísima información, es la labor más importante que tenemos como representantes de la Salud y el Ejercicio en esta sociedad. Tenemos claro que tenemos que movernos, pero movernos con calidad. Por lo tanto, no podemos dar consejos basándonos en opiniones sino en lo que hemos demostrado CIENTIFICAMENTE.

En la actualidad existe predominancia de los diagnósticos patoanatómicos versus variabilidad en las definiciones diagnósticas de los diferentes trastornos del movimiento y “disfunciones”.  Los FISIOTERAPEUTAS tratamos lesiones relacionadas con el movimiento en lugar de anormalidades anatómicas estructurales.  La complejidad del movimiento humano va más allá de la biomecánica e involucra los aspectos psicosociales de la persona.
Las diferentes técnicas de VALORACIÓN del movimiento funcional le permite al fisioterapeuta observar el movimiento de una forma global y seleccionar problemas en patrones de movimiento en diferentes tareas motoras comunes.
Las estrategias de valoración, programación y periodización de una progresión de actuación y aplicación integradas desde la salud al rendimiento mediante el EJERCICIO TERAPÉUTICO, debe ser y formar parte del proceso de Prevención, rehabilitación y Re-adaptación del propio paciente-cliente”.

Me quedo con esta magnífica frase…

“Debemos de transformar la sociedad optimizando el movimiento para mejorar la experiencia humana” APTA

Gracias a tod@s!!

Jesús Rubio

Fisioterapeuta

Una mirada al aprendizaje motor y la clasificación de O´Sullivan

Una competencia clave de la fisioterapia es el hallazgo de patrones de movimiento aberrantes o la detección de síndromes de disfunción del movimiento (Sahrmann, 2002). Se han descrito e investigado patrones de movimiento bajo el modelo cinesiopatológico en la columna lumbar (Dankaerts, 2007; O´Sullivan, 2000; van Dillen, 2003; Maluf, 2000). Sin embargo, no existe evidencia clara de si la mejora en el control de movimiento también puede conducir a una disminución del dolor y la discapacidad experimentada en pacientes con dolor lumbar inespecífico.

Lo que está bastante aceptado por la comunidad científica y lo que vemos habitualmente en la clínica es que un mal control del movimiento puede perjudicar inconscientemente a una persona a través de patrones anómalos (de movimiento) que pueden conducir a sobrecarga mecánica y despolarización de los nociceptores ubicados en la región lumbar. Curiosamente, O´Sullivan (2005) define a los pacientes con conductas de miedo-evitación como “pacientes provocadores de dolor” precisamente por la presencia de estos patrones de movimiento defectuosos. Además de esto, se sugiere que en pacientes con un pobre control de movimiento por mecanismos output se necesitan estrategias para favorecer el aprendizaje motor (imagen) que pueda llegar a provocar cambios mantenidos, automatizados e inconscientes en los patrones de movimiento (Dankaerts y O´Sullivan, 2007). Esto es coherente pero, quizás, muchas veces no se comprende introducir el movimiento en el esquema corporal de un paciente tal y como cuando aprendemos a escribir, leer, andar, correr, jugar…Hay pacientes con mayor inteligencia motriz y otros que requieren una mayor educación para comprender y desarrollar su “dormida” neuromatriz del movimiento.

Por otro lado, la teoría propuesta sobre la flexibilidad relativa (Sahrmann, 2002) sugiere que el movimiento se produce allá donde el cuerpo detecta un menor esfuerzo (flexibilidad vs rigidez) por lo que si el rango articular de la cadera está limitado por rigidez en relación a la columna, los movimientos pueden llegar en exceso a la parte del cuerpo mas flexible (en este ejemplo la región lumbar) e incrementar el riesgo de aparición de un problema relacionado con una dirección de movimiento concreta (flexión, extensión, rotación o combinados). La fiabilidad y validez de las pruebas para el diagnóstico de las disfunciones del movimiento ha mostrado ser aceptable (Luomajoki, 2007). Podéis descargar el artículo de Luomajoki aquí.

O´Sullivan (2005) desarrolló un sistema de clasificación para pacientes con LBP y hace una distinción dentro del grupo de pacientes “inespecíficos” (90%) en dos subgrupos: LBP mediado por mecanismos centrales y LBP mediado por mecanismos periféricos. El dolor evocado centralmente se asocia a factores psicosociales como el miedo-evitación o el catastrofismo (30% de los pacientes con NSLBP). El dolor evocado periféricamente es de origen mecánico e incluye la disfunción del movimiento y la alteración del control del movimiento (70% aprox.). En este último grupo, el subgrupo de pacientes con alteración del movimiento presentan una restricción dolorosa del movimiento (30%) y los pacientes con alteración del control del movimiento presentan quejas en ciertas posiciones como estar sentado, de pie más relacionados con determinadas posturas (el otro 30% aprox.).

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El deterioro del control del movimiento es específico de la dirección, ya sea provocado por flexión, extensión, rotación o movimientos combinados o multidireccionales. Los ejercicios específicos que buscan la modificación de síntomas en base a patrones de movimiento alterados parecen tener resultados alentadores realizados de forma individual a cada persona (van Dillen, 2005; Harris-Hayes, 2005; Dankaerts, 2007). A nivel clínico no tengo ninguna duda de que esto ocurre así pero ya sabemos lo difícil que es reproducir con exactitud lo que hacemos a nivel pragmático en la clínica privada con los diseños planteados en la literatura científica hasta la fecha.

No hace falta decir que para que un ejercicio sea “terapéutico” debe ir encaminado a un objetivo en base a una exploración previa, a unos hallazgos clínicos que nos hagan pensar en modificar una serie de síntomas presentes o determinadas situaciones o posturas en las que el paciente refiere dolor. Solo el fisioterapeuta es el profesional indicado para el desarrollo de esta labor orientada a mejorar patrones específicos de movimiento seguido de una progresión de situaciones (relacionadas con el movimiento) cada vez más difíciles y adaptadas a recuperar la función completa y las demandas del paciente.

No nos olvidamos, por supuesto, de la Terapia Manual y aquí cito a uno de los grandes pensadores que hemos tenido el privilegio de tener en la Fisioterapia contemporánea:

La inhibición del dolor mediante estímulos mecánicos pasivos tiene su interés en la medida en que son encuadrados en un programa de exposición gradual al movimiento.

Max Zusman (2012)

La presencia de nocicepción puede modular inhibiendo la respuesta motora de forma adaptativa y justificando cierto nivel de “miedo-evitación” inicial en un paciente. Pero cuando observamos en clínica fuertes predictores de cronicidad (hablando de un primer episodio de dolor lumbar) como pueden ser elevados niveles de dolor y ansiedad así como factores psicosociales que sean relevantes (tanto en casos agudos como en crónicos) podemos encaminar nuestra estrategia como “educadores del movimiento” empleando la Terapia Manual como herramienta para modular el dolor y disminuir respuestas maladaptativas de movimiento ya en una fase inicial ya que algunos pacientes con miedo al movimiento pueden “rechazar” un ejercicio en presencia de dolor. Después de esto, un cambio de “chip” puede ser necesario en muchos casos ya que los pacientes pueden considerar “peligroso” visualizar un determinado ejercicio tal y como nos propone el interesante estudio del grupo Motion In Brains (artículo completo aquí).

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Como educadores del movimiento debemos cambiar el concepto de ejercicio en base al trabajo de fuerza y resistencia más apropiado quizás para aquellas personas con una inteligencia motriz más avanzada, con unos patrones de movimiento muy integrados y automatizados. En pacientes con dolor y un sistema top-down desvirtuado por su perezosa corteza somatosensorial vamos a tener que actuar como agentes facilitadores del movimiento por medio de estímulos verbales, visuales, manuales e instrumentales como feedback para la consecución de la precisión, coordinación o control del movimiento. Lograr cambios neuroplásticos en el control motor es nuestro objetivo como educadores que somos. Los pacientes aprenden a moverse procesando todos esos inputs que llegan a comprender desde un punto de vista funcional.

Según Fitts y Posner (1967) el aprendizaje motor implica una transición de situaciones en 3 fases:

  • Fase cognitiva: En esta fase inicial se presta atención a la parte consciente, al detalle y precisión en la corrección de los errores en el movimiento, la postura o la activación muscular. Tanto la Terapia Manual (por ejemplo técnicas de movilización pasiva para modular el dolor y/o movilizaciones con movimiento) como el feedback aumentado por instrumentación, vendajes, instrucciones visuales/verbales se suelen emplear en esta fase inicial para mejorar el sistema sensorimotor.
  • Fase asociativa: Se presta atención al traslado funcional de esas correcciones. Se busca la coherencia y comprensión del movimiento dentro de contextos más desafiantes para el paciente. Se reduce la demanda cognitiva por parte del paciente ya que logra comprender el movimiento y detectar sus propios errores para, así, mejorarlos por sí solo aún con nuestra ayuda si es necesario.
  • Fase autónoma: Se fomenta la trasferencia al control automático del movimiento tal como si habláramos de una obra musical, basada en el aprendizaje por repetición en una variedad de contextos físico-emocionales.

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Tras todo lo anterior nos alejamos definitivamente del enfoque estructuralista basado en áreas trasversales musculares y vectores de fuerza biomecánicos para atender a aspectos más cognitivos y representativos a varios niveles dentro del sistema nervioso. Tal es así que la atención (cognición) a la corrección de la activación muscular ha mostrado inducir mayores cambios en el comportamiento del músculo (Tsao y Hodges, 2007) y en la organización del mapa cortical (Tsao, 2010) que los ejercicios de fuerza que no prestan atención consciente o sin intención cognitiva dirigida a cambiar el reclutamiento muscular. En definitiva, el entrenamiento de movimientos con atención a una determinada función conduce a mayores cambios corticales que el entrenamiento de fuerza (Remple, 2001).

Por último, gracias a todos estos referentes de la fisioterapia, los clínicos disponemos de cada vez más herramientas para conseguir reducir al máximo la incertidumbre con nuestros pacientes. Como bien diría nuestro querido Maitland “escoge bien la técnica y adáptala a tu paciente individual”…

Jesús Rubio

Fisioterapeuta

BIBLIOGRAFÍA:

Sahrmann SA: Diagnosis and treatment of movement impairment syndromes. Anonymous. 2002, St.Louis: Mosby.

Dankaerts W, O’Sullivan PB, Burnett AF, Straker LM: The use of a mechanism-based classification system to evaluate and direct management of a patient with non-specific chronic low back pain and motor control impairment–A case report. Manual Therapy. 2007.

O’Sullivan PB: Masterclass. Lumbar segmental ‘instability’: clinical presentation and specific stabilizing exercise management. Manual Therapy. 2000, 5 (1): 2-12.

Van Dillen LR, Sahrmann SA, Norton BJ, Caldwell CA, McDonnell MK, Bloom NJ: Movement system impairment-based categories for low back pain: stage 1 validation. The Journal of orthopaedic and sports physical therapy. 2003, 33 (3): 126-42.

Maluf KS, Sahrmann SA, Van Dillen LR: Use of a classification system to guide nonsurgical management of a patient with chronic low back pain. Physical Therapy. 2000, 80 (11): 1097-111.

Fitts, P.M., Posner, M.I., 1967. Human Performance. Brooks/Cole, Belmont, CA.

O’Sullivan P: Diagnosis and classification of chronic low back pain disorders: Maladaptive movement and motor control impairments as underlying mechanism. Manual Therapy. 2005, 10 (4): 242-55.

van Dillen LR, Sahrmann SA, Wagner JM. Classification, intervention,and outcomes for a person with lumbar rotation with flexion syndrome.Phys Ther 2005;85:336–51.

Harris-Hayes M, Van Dillen LR, Sahrmann SA. Classification, treat-ment and outcomes of a patient with lumbar extension syndrome.Physiother Theory Pract 2005;21:181–96.

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Luomajoki H, Kool J, de Bruin E, Airaksinen O: Reliability of movement control tests in the lumbar spine. BMC Musculoskelet Disord. 2007, 8: 90-10.1186/1471-2474-8-90

Tsao, H., Hodges, P.W., 2007. Immedi­ate changes in feedforward postural adjustments following voluntary motor training. Exper Brain Res 181, 537–546.

Tsao, H., Galea, M.P., Hodges, P.W., 2010. Driving plasticity in the motor cortex in recurrent low back pain. Eur J Pain 14, 832–839.

Remple, M.S., Bruneau, R.M., Vanden­Berg, P.M., Goertzen, C., Kleim, J.A., 2001. Sensitivity of cortical move­ment representations to motor experience: evidence that skill learning but not strength training induces cortical reorganization. Behav Brain Res 123, 133–141.

McKenzie, mucho más que extensiones

El Método McKenzie®, también conocido como “Método de Diagnóstico y Terapia Mecánica” (MDT), es un enfoque que permite la clasificación en subgrupos en base a la respuesta sintomática y mecánica de los pacientes con dolor de origen musculoesquelético. Este procedimiento me parece muy interesante ya que permite simplificar el proceso diagnóstico (que no por ello fácil ya que requiere bastante práctica y número de pacientes evaluados) categorizando al paciente en base a las respuestas al movimiento en lugar de hacernos pensar en la patología de los tejidos ya que sabemos que en la mayoría de los casos son de causa “inespecífica”.

Eso sí, no por ello vamos a desestimar la posible relevancia del tejido en nuestra evaluación. Debemos reconocer casos específicos candidatos a derivación médica y respetar el proceso natural de inflamación y reparación del tejido. En este sentido, este tipo de evaluación también nos ayuda a realizar un diagnóstico diferencial bastante fiable entre el dolor inespecífico de carácter mecánico, procesos inflamatorios como la artritis reumática (ver tabla 1) o la radiculopatía ya que si el paciente con síntomas constantes distales no responde bien a los movimientos repetidos en el plano sagital (periferaliza en lugar de centraliza) podemos asumir que no le vamos a poder ayudar por este medio si hemos cumplido estrictamente los principios del método (lo denominamos específicamente como “radiculopatía que no responde mecánicamente”). Lo que @fisiotri nos recomendó en caso de detectar una radiculopatía que no responde mecánicamente bien a los movimientos repetidos (es decir, no centraliza síntomas) se describe en la imagen 1.

tipos dolor
Tabla 1: Diferenciación entre dolor inflamatorio y mecánico durante exploración subjetiva
RADICULOPATÍA QUE NO RESPONDE MECÁNICAMENTE
Imagen 1: Protocolo actuación en presencia de radiculopatía que no responde mecánicamente.

Habiendo quitado mucha paja mental de por medio con el tema de las posibles lesiones discales y habiendo descartado a priori un patrón “reconocible” me quedo con un concepto muy fácil de comprender tanto para terapeutas como pacientes con dolor lumbar mecánico que pueden responder favorablemente ante estrategias de carga mediante el movimiento: la bisagra obstruida. Este concepto, propio del síndrome descrito como “Derangement”, explica la presentación clínica asociada con una obstrucción mecánica de la región afecta. Por definición, una obstrucción es una pérdida de movimiento rápidamente reversible y, por ello, para validar la hipótesis de estar frente a un Derangement debemos observar cambios mecánicos evidentes que mejoran o se mantienen en un plazo máximo de 3-5 sesiones. En presencia de cambios evidentes (mejora del ROM, disminución del dolor, centralización) deberemos parar en nuestra evaluación (ya tenemos la luz verde que buscamos) y asegurarnos de que se mantienen o mejoran estos cambios intersesión y que el paciente a realizado correctamente sus ejercicios “hasta el final de rango”. Para tener una buena guía clínica, McKenzie estableció la conocida Ley del semáforo (Imagen 2).

SEMAFORO MCKENZIE

Si somos buenos en nuestra evaluación, elegimos correctamente el plano de movimiento donde aplicar las estrategias de carga (en el plano sagital con la extensión como dirección de preferencia en un 85-90% de los casos) y nos aseguramos de que el paciente realiza el movimiento hasta el final de su rango posible en cada repetición, podremos encontrar una buena respuesta mecánica. Si no es así podemos pensar en que no es el plano correcto, no estamos llegando al final del rango o que, simplemente, no podemos clasificar al paciente con esta metodología.

Un fenómeno descrito originalmente por Robin McKenzie pero muy estudiado por otros autores posteriormente (Young, 2003) es la centralización. Encontrar durante nuestra exploración este fenómeno me parece de una utilidad clínica espectacular porque nos ayuda a establecer un buen pronóstico y, sobre todo, para hacer comprender al paciente la relevancia de dichos cambios gracias a estrategias de movimiento (educación). La centralización describe el fenómeno por el cual el dolor distal originado en la columna es progresivamente abolido en una dirección de distal a proximal. Esto aparecerá como respuesta a unos movimientos repetidos específicos y/o una posición mantenida y este cambio en la localización del dolor se va a mantener a lo largo del tiempo hasta que el dolor desaparezca (May, 2012). Una particularidad de este fenómeno es que a veces suele aumentar el dolor en la parte central de la columna por lo que también debe ser explicado a un paciente “centralizador”. La centralización sólo ocurre con el Síndrome de Derangement, normalmente es rápido y siempre perdura el cambio en la localización del dolor.

Si durante el proceso terapéutico obtenemos luz verde, conseguimos hasta un 80-90% de mejoría y sabemos que el paciente hace sus ejercicios debemos educar al paciente para manejar adecuadamente los posibles factores agravantes (trabajo, postura…) y dar tiempo ya que el paciente tendrá las herramientas para manejar su problema si ocurre una recidiva en un futuro con características similares (ya sabemos la naturaleza episódica/recurrente del dolor lumbar). Otra cosa es que vuelva a hacer los ejercicios o recuerde cómo debe de hacerlos…pues que vuelva a consultar a su fisioterapeuta si es necesario.

En conclusión, no suelo hacer promoción de cursos o “métodos” en este blog pero, sin duda, McKenzie me parece una de las formaciones indispensables para el buen manejo clínico de pacientes con dolor lumbar (lo visto en su parte A). Un abordaje diferente a otros, basado en la modificación de síntomas y con una norma fundamental: hay que llegar hasta el final del rango…¡sin miedo!

dav

Jesús Rubio

Fisioterapeuta en búsqueda de la luz verde 

BIBLIOGRAFÍA:

Young S, Aprill C, Laslett M. Correlation of clinical examination characteristics with three sources of chronic low back pain. Spine J 2003;3(6):460-65.

May S, Aina A. Centralization and directional preference: a systematic review. Man Ther 2012, 17:497-506.

Historias para no dormir de un doctorando

La entrada de hoy es totalmente egocentrista pero ya sabéis para lo que escribo la mayoría de las veces en este blog, para un desarrollo de ideas y reflexiones en relación a la Fisioterapia.

La vida me dio la gran oportunidad de desarrollarme en una profesión que me apasiona y que me da algún que otro dolor de cabeza. Pero ya se sabe eso de “sarna con gusto no pica”. En mi caso, el decidirme a seguir con los estudios de doctorado no tiene un objetivo final de conseguir una plaza como profesor de Universidad, ser un gran investigador o llenarme la boca con aquello de denominarse “Doctor”. Mi inquietud y culito de mal asiento me han llevado a apretar todavía más la agenda entre familia, amigos y pacientes. Poco tiempo queda ya para uno mismo y, justamente por esto, el punto crítico que queda es elegir una Tesis en un tema que me motive y apasione.

El tema en el que vas a dedicar años de tu tiempo y mucho sacrificio merece una especial atención. Lo primero, debe servir para leer, revisar y asentar en relación a un campo de conocimiento específico dentro de la Fisioterapia. Adquirir profundos conocimientos en relación a un tema de tu interés. Lo segundo, que te aporte conocimientos que puedan ser aplicados en tu práctica clínica. Me considero clínico, todo lo que he aprendido hasta ahora ha sido con la intención de mejorar mis herramientas de cara a afrontar los problemas de los pacientes que entran por la puerta de la consulta. Una Tesis Doctoral debe diferenciarte desde el conocimiento. Desarrollar una Tesis debe ser un gran aporte de motivación para estudiar sobre un tema. Aplicar este conocimiento en tus pacientes día a día debe ser una recompensa. No seré un gran investigador en un futuro pero mis pacientes agradecerán el tiempo de estudio dedicado. O eso quiero pensar.

En fin…comencemos y que la evidencia nos acompañe!!

Jesús Rubio

Fisioterapeuta con dolores de cabeza

Hipocondría

La paciente entra desbocada a consulta y acompañada (obligada) por su madre. Cuando lo primero que comenta nada más abrir la boca es “Jesús, tengo la espalda torcida” mucho me hace pensar en el cuidado que voy a tener que llevar a partir de entonces con mis mensajes. Curiosamente no hay síntomas por los que viene a verme…solo una larga historia “en” sus espaldas.

Hacemos la entrevista según sistemática, descartamos posible patología de gravedad, elaboramos hipótesis en base al relato subjetivo del paciente…documentamos.

No existe un problema aparente, solamente factores psicosociales y/o posturales que pueden contribuir a ello. Exploramos…y aquí es donde debemos llevar cuidado en encontrar “contracturas”, “bultos” o “músculos montados”. ¿Podemos encontrar algún signo físico que sea relevante según la clínica del paciente? Si no es así, explorar y lanzar un mensaje adecuado para el paciente. Un mensaje de seguridad a través de nuestras manos, de los movimientos evaluados, de nuestras palabras. Quizás el paciente, pervertido y avasallado por sus creencias, está esperando a que encontremos ese “bulto” o “contractura” tan malo que le ocasiona su dolor. No se reproducen síntomas, no hay movimientos limitados, no hay bultos…quizás estemos equivocados pero en principio no vemos ningún tipo de alteración que sea relevante tras nuestras pruebas.

Hablamos y educamos en relación a esos factores que están presentes tras nuestra evaluación del caso. No seguimos con ningún tratamiento y más habiendo aclarado el motivo de consulta “quiero saber por qué se me carga la espalda”. En este caso habría que cuestionarse si el aplicar un determinado tratamiento en la “zona de peligro” por aquello de “descargar porque nos pagan por ello” podría reforzar todavía más la creencia frágil y patologizada que se inició en la adolescencia tras la visita a aquél señor de bata blanca un tanto “brusco” en sus palabras. Manejamos e intentamos modificar aquellos factores que pueden contribuir a su problema. Aliviamos al paciente con nuestro mensaje.

También me pagan por escuchar y hablar con las personas. Así de simple.

Jesús Rubio

Fisioterapeuta

Fisioterapia y carnaval

Paciente habitual y convencido de la ciencia fisioterapéutica,  la última sesión con mi fisio de confianza coincidió en tiempo con las fiestas de Carnaval y por una extraña asociación de ideas me remonté a unos pocos años atrás cuando salir de una sesión terapéutica y verme en el espejo parecía uno estar preparado para irse de fiesta de carnaval, tal era la maraña de tiras de colores pegadas al cuerpo de mil formas, en “V” en “Z” , más “V” está vez invertida,  de color rosa una, morado la otra, verde…en definitiva, mi espalda parecía un árbol de Navidad.

Menos mal que esa “fiebre” llamémosla “moda” pasó y hoy día es raro observar a deportistas en general y en los gimnasios en particular a individuos “marcados” con las tiras de colores. Pero tiempo atrás parecía que ir a un fisio y no salir coloreado, era una pérdida de tiempo o denotaba que el profesional era “chungo” y que sus técnicas no se correspondían con los tiempos.

Desde mi ignorancia creo que la excesiva utilización de tiras adhesivas de colores (se consideraba un exabrupto llamarles esparadrapos, aunque eso son) ha remitido y si a fecha de hoy se utilizan lo son con más prudencia y personalización, colocándose a aquellos pacientes a los que pueden beneficiar y no en general a todo el mundo, técnica sin duda que, en ocasiones posiblemente contadas y de forma individual pueden ser beneficiosas y de modo universal solamente producen desconfianza y temor a caer en el engaño cuando obedecen a una tendencia o interés mercantil lejano a los intereses terapéuticos.

Ha pasado el tiempo y aquella moda se quedó en anécdota, no obstante hay que estar prevenidos no vaya a ser que cualquier día a alguien se le ocurra desempolvar esa técnica añeja sacándola como la última novedad utilizada en los EEUU…

Un paciente con las ideas claras

Relato de una paciente con dolor

Todo empezó en verano, justo a punto de irnos de vacaciones. Esta es la época del año más deseada; sin embargo también trae consigo mucho estrés.

Yo trabajo en la universidad y tenía varios trabajos por concluir, con mi madre en cama, con mi hijo sin cole, con mi hermano de visita con su familia (viven en Brasil),…..limpieza, maletas…..apareció el dolor.

De crucero con los amigos lo pasamos muy bien, pero las excursiones, el gimnasio, el baile…(había que aprovechar), hicieron mella en la articulación de mi cadera, y a la vuelta me diagnosticaron una bursitis por sobrecarga en la articulación de la cadera-femur de mi pierna derecha.

A la semana partíamos a Alemania y reconozco que en el aeropuerto se me escapó alguna lagrimilla por los pinchazos, el dolor y la incertidumbre de irme en aquellas condiciones al extranjero.  Estaba tomando varios productos de herbolaria específicos para el dolor articular y regeneración del cartílago, también ibuprofeno para la inflamación. Tuve suerte y algo mejoró pero el dolor, que me llegaba casi hasta la rodilla, persistía.

A mi regreso a España, quince días después, tuve otro episodio fuerte de dolor y en urgencias tan sólo me inyectaron un analgésico. Cuando por fin conseguí que me atendiera un traumatólogo, éste me recetó antiinflamatorios orales, pero como no remitían las molestias, en las siguientes citas me infiltró esteroides (tres veces, sin hacer ninguna prueba diagnóstica salvo la de la simple exploración). La primera infiltración calmó el dolor y me animó a seguir con el tratamiento; sin embargo en las siguientes no noté mejoría, de hecho, incluso en ocasiones me despertaba el dolor en mitad de la noche, lo que me producía mucha desazón.

Estaba desconcertada, no podía entender que sucedía. El traumatólogo me dijo que la inflamación era difícil de tratar y me envió a rehabilitación con corrientes, onda larga, ultrasonidos,…., pero aquello no me aliviaba.

Finalmente acudí al fisioterapeuta que mi cuñado me recomendó. Llegué a la consulta sin muchas esperanzas de encontrar la solución a un problema que me tenía preocupada, confundida y bloqueada en mi vida, pero al mismo tiempo, no quería que me mareasen más. Por eso fui sincera y le dije al fisioterapeuta que no estaba segura de haber acudido al profesional adecuado (yo sé que este comentario le molestó). Ante mis dudas sus palabras fueron: “tranquila que yo no te voy a engañar, según lo que vea, si puedo ayudarte, te ayudaré, y en caso contrario te lo diré”.

A partir de ahí, hizo un examen exhaustivo de cómo empezó el dolor, cómo era el dolor, y a continuación hizo un examen físico de movilidad y resistencia. La conclusión fue aplastante: “tu dolor no es funcional, lo que significa que no hay ninguna lesión física que te produzca el dolor”. Estuvo largo rato hablándome sobre el mecanismo del dolor y me recomendó que leyera un libro divulgativo, basado en estudios científicos, donde se explica como el sistema nervioso, distribuido por todo nuestro cuerpo envía información al cerebro y como este produce respuestas de acuerdo con la evaluación de toda la información recibida [1].

Después de la consulta comprendí que me había anclado al dolor por mis temores (entre ellos el temor a la sobrecarga), y que esto era un mecanismo natural de defensa de mi cuerpo.

Decidí que tenía que reeducar a mi mente, para que entendiera que cualquier estímulo sobre mi cadera no suponía ningún peligro. Conté lo que me sucedía a mis familiares, amigos, compañeros,…leí el libro, comprendí y hablé con mi cuerpo….mis frases: “tranquila, esto es andar,…..esto es presión….., esto es estírame…. y esto correr”, llevé mi atención a aquellas partes de mi cuerpo más relajadas, estaba convencida de que podía recuperar ese confort en todo mi cuerpo. El dolor fue remitiendo poco a poco, a los 15 días ya estaba superado y me sentía FELIZ.

Volví a la consulta de mi fisioterapeuta, 20 días después de la primera cita, y lo sorprendí con mi mejoría. Hablamos del proceso, reflexionamos y reformulamos mi preocupación inicial debido a mi pérdida de control en “no comprendo qué me está pasando”. Después de esto hasta me hizo un masaje relajante en la espalda (a petición mía). Me pidió que escribiera mi experiencia para compartirla con otros pacientes y me pareció muy buena idea, pues esta sería la única utilidad que tuvo mi dolor: inspirar la resolución de aquellos que puedan pasar por un caso parecido al mío.

Una paciente agradecida

BIBLIOGRAFÍA:

[1] Butler D., Moseley L., Sunyata A., Explicando el dolor, Noigroup Publications, Adelaide, Australia, 2010, ISBN: 978-0-9750910-8-1

 

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