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Fisioterapia en constante movimiento

Un blog de Jesús Rubio

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Diagnóstico en Fisioterapia y punto.

La Confederación Mundial de Fisioterapia (WCPT por sus siglas en inglés) es la organización responsable de estandarizar los criterios competenciales para nuestra profesión y de definir las funciones de los fisioterapeutas dentro de ésta. La WCPT establece, por tanto, unos estándares internacionales que cada país, desde sus instituciones o asociaciones, debería seguir de una forma lo más coherente posible según sus circunstancias y por el beneficio y desarrollo de su profesión.

La Fisioterapia es la profesión que se encarga de asistir a los pacientes en circunstancias donde el movimiento y la función se ven alterados debido a diversos factores como el envejecimiento, la lesión, el dolor, las enfermedades, los trastornos o el medio ambiente. Según la definición de la WCPT el fisioterapeuta es el “profesional capacitado y autorizado para evaluar, examinar, diagnosticar y tratar las alteraciones del movimiento, limitaciones funcionales y discapacidades de los pacientes”. La Confederación Mundial de Fisioterapia (WCPT) recomienda a los pacientes que acudan a fisioterapeutas colegiados que hayan seguido programas educativos de nivel universitario, validados y acreditados de forma oficial.  Desde este paradigma del movimiento, la salud se considera cuando la persona dispone de un movimiento funcional que le permite adaptarse a su entorno. Por supuesto, esto engloba a los pacientes desde un punto de vista tanto biológico, psicológico como social y nos obliga a cuidar la comunicación terapeuta-paciente, a estar en conexión con otros profesionales sanitarios, a considerar la situación familiar y, lo más importante, a utilizar los conocimientos y competencias específicas como fisioterapeutas establecidos por la WCPT atendiendo los principios éticos dirigidos a fomentar la autonomía de los pacientes.

El fisioterapeuta es el profesional responsable del movimiento y, al mismo tiempo, debe estar actualizado ya que la fisioterapia se mueve al mismo tiempo que avanza la ciencia. Obviamente, debemos profundizar en el conocimiento de la anatomía, la fisiología, la patología y, sobre todo, del movimiento humano, pero debemos considerar que la ciencia (a investigación fiable me refiero) nos proporciona constantemente nuevas pruebas sobre las cuáles deberemos desarrollar nuestra práctica asistencial para intentar mejorar nuestras intervenciones por el beneficio de los pacientes. Todo fisioterapeuta debería ser consciente de lo que significa ser fisioterapeuta y hacerse responsable de ello. El desarrollo de la profesión no es responsabilidad de unos pocos sino de todos. Como dijo el gran Steve Jobs “no hablemos de que nuestro producto es el mejor sino de las personas que forman parte de él”, y es que nuestra profesión necesita que cada uno de nosotros sepa lo importante que es formar parte de ella, crear una base con criterios y competencias comunes para favorecer el desarrollo firme de la profesión hacia el puesto que merece.

Desde mi punto de vista, la fisioterapia ya no se trata tanto del qué hago, cómo lo hago o para qué lo hago (que también) sino de… ¿en qué pienso cuando tomo la decisión de hacer algo? Pienso que esta es la clave para escapar de la imagen perpetuada del fisioterapeuta que aplica herramientas técnicas como el masaje, los estiramientos o las manipulaciones por no hablar de la conocida “fisioterapia avanzada” porque un fisioterapeuta es mucho más que alguien que aplica un conjunto de técnicas bajo su criterio, experiencia personal o tecnología a su alcance. La fisioterapia es una profesión y, como tal, debe estar basada en el conocimiento que nos aporta la ciencia. La palabra “diagnóstico” (del griego diagnostikós, a su vez del prefijo día-, “a través”, y gnosis, “conocimiento” o “apto para conocer”) cobra por tanto un papel fundamental en Fisioterapia porque alude, en general, al análisis que se realiza para determinar cualquier situación sobre la base de datos y hechos recogidos y ordenados sistemáticamente, que permiten juzgar mejor qué es lo que está pasando. El diagnóstico fisioterápico representa el resultado de un proceso de razonamiento clínico que dará lugar en la identificación de disfunciones físicas, contraindicaciones, precauciones, mecanismos patobiológicos, influencias socio-ambientales así como el pronóstico y tratamiento ideal para cada caso en concreto. Diagnóstico en Fisioterapia y punto.

Desde la Audiencia Nacional (2010) se subraya que la palabra “diagnóstico” no pertenece a ninguna profesión en concreto sino que se establece desde el marco competencial de cada una. Los fisioterapeutas, como profesionales de primera intención en una sociedad que nos necesita, debemos tener claras nuestras competencias para establecer un diagnóstico ética y legítimamente correcto. Los fisioterapeutas diagnosticamos porque desde nuestro conocimiento preguntamos, escuchamos, anotamos, exploramos y contrastamos la información recopilada como ya hemos dicho. Un diagnóstico que nos servirá para establecer el tratamiento más preciso (en conjunto con el diagnóstico médico si es necesario para mejorar nuestra intervención) y que en ocasiones podrá tener una etiqueta en base al reconocimiento de un patrón clínico o por la identificación de alteraciones o discapacidades que sean relevantes en el problema de cada persona. En otras palabras, decir que un paciente tiene un “síndrome facetario cervical” o que presenta una alteración del patrón de movimiento cervical concordante con su problema no varía mucho siempre y cuando lo hagamos desde nuestro campo de conocimiento y nuestro paradigma de actuación. De poco o nada nos sirve a los fisioterapeutas etiquetas diagnósticas e inespecíficas como “lumbalgia” o “cervicalgia” porque hay numerosas variables que debemos estudiar ante términos tan poco específicos. El diagnóstico en Fisioterapia nos ayuda a reducir al máximo la incertidumbre de lo inespecífico. Diagnóstico en Fisioterapia y punto.

El Diagnóstico en Fisioterapia es necesario del mismo modo que la identificación de señales de alarma que nos hagan pensar que un paciente no es candidato a recibir tratamiento o que es necesario un abordaje multidisciplinar. Analizamos el movimiento y la función del mismo modo que consideramos la intervención de otros profesionales en caso necesario. Por esto mismo, también nos gustaría que otros profesionales sanitarios lo contemplen del mismo modo para derivarnos a los pacientes con problemas músculo-esqueléticos desde la Atención Primaria.

Cambiando de tema y siendo autocríticos, un problema existente es que durante nuestro proceso de formación como fisioterapeutas no se nos enseña a pensar racionalmente o, mejor dicho, por naturaleza humana, no hacemos muchos esfuerzos en estructurar nuestros pensamientos y, menos todavía, en ponerlos en tela de juicio. Resulta muy incómodo navegar dentro de la incertidumbre y tendemos a manejarnos en lo inespecífico desatendiendo a numerosas variables (por ejemplo, la historia natural del síndrome facetario que antes comentábamos). Actualmente existen grandes fuentes de conocimiento científico pero el fisioterapeuta sigue persiguiendo herramientas técnicas para aplicar en sus pacientes, bien por la demanda del usuario o por diferenciarse de su competencia a través de estrategias de marketing alejadas de la ética profesional. A partir de aquí nos deberíamos plantear numerosas preguntas…¿en qué pensamos cuando aplicamos dichas técnicas?, ¿nos hemos planteado hipótesis biológicamente plausibles?, ¿hemos podido descartarlas?, ¿nos podemos estar equivocando con nuestro paciente?, ¿hemos realizado una exploración sistematizada?, ¿hemos descartado la presencia de precauciones o contraindicaciones?, ¿hemos considerado la intervención de otro profesional?, ¿estamos aplicando nuestra técnica favorita en nuestro diagnóstico favorito?, ¿nuestro razonamiento se ha basado en teorías obsoletas según la ciencia actual?… Aquí viene otro problema…

Man with magnifying glass looking for coins

La fisioterapia ha sido víctima durante años del fanatismo. La pasión exagerada despertada por los fisioterapeutas hacia diferentes metodologías terapéuticas de moda, sin fundamento científico, o la idolatrez de estudiantes hacia docentes con creencias muy arraigadas e infundamentadas han estado mermando la evolución de la profesión según los criterios establecidos a nivel internacional (WCPT). Los métodos terapéuticos basados en una filosofía, en teorías obsoletas o en el “a mí me funciona” como única realidad, escapan de la racionalidad y ética necesaria en nuestra profesión. Esto no trata de hablar sobre qué método es mejor, qué método es peor o de que si otros conocimientos fuera de nuestras competencias son importantes para nuestro mejor bagaje terapéutico, sino de que todo el mundo debería regirse por los mismos criterios en búsqueda de la evolución. Movimiento, función y ciencia…ser fisioterapeutas, hacer fisioterapia, movernos con ella, centrarnos en el paciente y sus necesidades. El diagnóstico en Fisioterapia debe estar fundamentado en unas bases sólidas y comunes de conocimiento. Diagnóstico en Fisioterapia y punto.

La fisioterapia es una ciencia y la ciencia se basa en la lógica, en la racionalidad. En la búsqueda constante de respuestas a las preguntas planteadas según el conocimiento actual. Debemos abandonar el fanatismo y la irracionalidad cegada por falsas creencias hacia determinadas disciplinas sin fundamento o, yendo más lejos, hacia las pseudociencias. Seamos críticos con nosotros mismos y hagamos juicio de nuestros actos porque si nos equivocamos no pasa nada. Lo importante del error es hacerse consciente de él para intentar no volver a repetirlo durante nuestro interminable proceso de aprendizaje. El fanatismo ciega el pensamiento crítico por completo. La pasión racional nos puede llevar a investigar sobre aquellos huecos existentes en la investigación para el desarrollo del conocimiento así como en nuestras carencias a nivel clínico para poder mejorarlas. El beneficio de los pacientes merece todo esto y, los pacientes, son lo verdaderamente apasionante de nuestra profesión.

Producto del fanatismo es estudiar una carrera y terminarla escuchando cosas de otras profesiones ajenas a la fisioterapia antes que propias de la fisioterapia. Estudiantes acríticos adoctrinados por fanáticos con teorías falaces, autoritaristas y reduccionistas que deciden adentrarse en métodos terapéuticos ciertamente tenebrosos y fuera de las competencias estandarizadas a nivel internacional y propias de un fisioterapeuta. Está claro que tener una carrera universitaria no garantiza que la calidad y claridad mental sea la que sea. ¿Pensamos como fisioterapeutas con nuestros pacientes? Y, si es así, ¿en qué conocimientos basamos nuestros pensamientos?

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Esta es una de las claves del desarrollo del pensamiento crítico en la profesión porque cualquier persona, por supuesto, es capaz de pensar. Si no hay un pensamiento crítico, difícilmente nuestro razonamiento clínico va a poder basarse en conocimientos válidos procedentes de la investigación y la experiencia clínica. Pueden existir muchos terapeutas experimentados simplemente por el hecho de llevar años en la profesión pero esto no quiere decir que hayan seguido métodos contrastados, de forma crítica o de que hayan sido conscientes de que su propia percepción de las cosas les pueden haber hecho caer en un ciclo de autoconfirmación lejano al aprendizaje. Del mismo modo, es importante que los estudiantes de fisioterapia aprendan a pensar por sí mismos y, aquí, tener un docente con espíritu crítico será un punto clave. Y es que como dice nuestro compañero Eduardo Fondevila “no todo razonar en la clínica es razonamiento clínico”…

En conclusión, invito a todo profesional a que reflexione sobre su práctica habitual como fisioterapeuta. Invito a los pacientes a que se asesoren bien sobre el profesional al que acuden para el cuidado de su salud. Que sean exigentes y que pregunten siempre el porqué de cada decisión terapéutica en base a sus necesidades. Que sean críticos y que huyan de ciertas “terapias” sin ningún fundamento científico y que no dejen que les vendan la moto. Del mismo modo, que los estudiantes de fisioterapia sean conscientes de la importancia que tiene pertenecer a un colectivo como este y la responsabilidad que tienen en sus manos para el futuro de la profesión. Huyamos del fanatismo y seamos apasionados en todo lo que hacemos con un pensamiento crítico. Cambiemos poco a poco la imagen perpetuada del fisioterapeuta “técnico” para pasar al fisioterapeuta con unos conocimientos y competencias claras. Pensar en los mecanismos reales subyacentes a nuestras intervenciones centradas en la persona y no nos preocupemos tanto por las técnicas porque éstas no aportan conocimiento. En definitiva, seamos fisioterapeutas y hagamos que la Fisioterapia se mueva con nosotros.

PD: Recomiendo hacer una revisión de la web de la WCPT donde se describe el marco conceptual de la Fisioterapia a nivel Internacional aquí.

Jesús Rubio

Fisioterapeuta y punto

BIBLIOGRAFÍA:

  • World Confederation for Physical Therapy. WCPT guideline for the development of a system of legislation/regulation/recognition of physical therapists. London, UK: WCPT; 2011.
  • World Confederation for Physical Therapy. Policy Statement: Regulation of the physical therapy profession. London, UK: WCPT; 2011.
  • World Confederation for Physical Therapy. Ethical principles. London, UK: WCPT; 2011.
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El dilema diagnóstico del movimiento, ¿clínica o estructura?

Gracias a los hallazgos observados en nuestra exploración física, en contraste con los de la anamnesis, podemos llegar a hipotetizar acerca de un diagnóstico clínico. Ahora bien, no olvidemos que somos los profesionales del movimiento y, por ello, debemos evaluar y tratar eso mismo, el movimiento. De aquí surge el dilema en el cual todavía caen muchos profesionales…¿cómo podemos diagnosticar sin tener en cuenta la anatomía?, nuestro diagnóstico clínico viene expresado por disfunciones del movimiento o, en términos contemporáneos, cuando una determinada prueba de movimiento reproduce el dolor del paciente fruto de una elevada mecanosensibilidad. Claro está que el dilema trae un problema, el diagnóstico inespecífico. Y este problema trae consigo mismo una alta gamma de interpretaciones clínicas producto de nuestros sesgos, creencias o prejuicios ocasionados por diferentes formaciones y una falta de criterio común. Pero no me voy a mojar más con esto.

Algunos fisioterapeutas consideran que es indispensable subclasificar pacientes dependiendo de las estructuras anatómicas implicadas en el trastorno del movimiento, otros huyen de la anatomía y se centran en lo más importante, la clínica que presente cada paciente. Bien, pero si se habla en un mismo idioma. A veces puede obtenerse información acerca de qué estructuras anatómicas pueden estar implicadas en el trastorno del movimiento (posibles fuentes de los síntomas) debido al estrés ejercido sobre dichas estructuras durante una prueba clínica. Esto es posible pero puede llevarnos a una “paja mental”. Un “diagnóstico estructural” no puede hacerse basándose en una, dos o tres pruebas (incluyendo también las pruebas por imagen que, como sabemos, no siempre son relevantes clínicamente). Hay que tener claro que cuando realizamos una determinada prueba clínica durante nuestra exploración física siempre someteremos a estrés a más de una estructura anatómica y, por tanto, sólo puede hacerse un análisis estructural basándose en los hallazgos subjetivos en relación a los mecanismos patobiológicos (mapa corporal, comportamiento de los síntomas, evolución del problema, etc.), los signos comparables objetivados durante cada prueba y los efectos del tratamiento para poder confirmar una posible “fuente estructural” de un problema.

El diagnóstico estructural debería, por tanto, expresarse únicamente en función de una hipótesis (posible fuente). Por lo menos, esto será lo que más nos convendrá en fisioterapia clínica porque, otra cosa, será lo que necesitemos en investigación (estudiar procedimientos fiables de subclasificación). Manejar este tipo de hipótesis (refutables) dejará abiertas otras posibilidades al clínico respecto a las causas y las diferentes opciones de tratamiento, si no se obtienen resultados satisfactorios en el tratamiento anterior orientado a una posible fuente del problema (estructural). Por otro lado y, huyendo de toda influencia cartesiana en relación al origen del dolor, habrá que considerar ofrecer la información “justa” al paciente respecto a la “fuente” de su dolor (esto es del menisco de TU rodilla, TIENES artrosis degenerativa, TIENES un pinzamiento de una raíz lumbar, etc…). Mucho cuidado y respeto en algunos pacientes donde “el cordobés” puede ser un aficionado al lado nuestro poniendo banderillas….como bien dice un compañero al que admiro mucho, “No es lo mismo saber hacer que saber explicar”. Más vale estar calladitos no vaya a ser que la liemos con nuestras explicaciones y provoquemos el caos en las cabezas de nuestros pacientes. Con esto me refiero a que más de uno se lee la anatomía y biomecánica de un libro y se lo vomita a sus pacientes en plan “¿has visto lo mucho que sé?”. Esto no es necesario, la pedagogía es fundamental.

“Los pacientes no deben aprender sino comprender”

phpThumb_generated_thumbnailAunque los fisioterapeutas diagnostiquemos con mayor frecuencia desde el punto de vista de los trastornos del movimiento que desde un punto de vista estructural, se debe prestar atención a los cuadros de dolor agudo post-traumáticos en las que puedan existir red flags indicativas de posibles lesiones estructurales de gravedad. Realmente, los diagnósticos médicos típicos como “omalgia” o “cervicalgia” por los que los pacientes nos son remitidos (o dejados de la mano de Dios) nos pueden hacer pensar en la existencia de una “bandera verde” para comenzar con nuestro diagnóstico del movimiento a sabiendas de que dicho paciente ha pasado por un especialista que, en principio, ha descartado lesiones de mayor gravedad. No tengo nada en contra de los términos “omalgia” o “cervicalgia”, aunque nunca hay que dar nada por hecho…

¿Qué buscamos mediante nuestras pruebas de movimiento?

La reproducción de los síntomas descritos por el paciente (y reconocibles por él) durante la realización de una determinada prueba clínica nos podrá servir como parámetro de referencia a tener en cuenta en el procedimiento de revaloración posterior al tratamiento. Esto es muy importante y todo clínico deberá de tenerlo claro. Aunque no siempre es posible ya que a veces no se pueden reproducir los síntomas del paciente durante nuestra evaluación (por ejemplo, un corredor que sufre dolor posterior en su pierna a los 20 minutos de carrera, teniendo que parar y sin presentar dolor en el momento de la consulta). Entonces deberemos recurrir a intentar objetivar algún signo comparable. El signo comparable se entiende por cuando se produce cierto grado de dolor durante una prueba pero sin ser la clase de molestia descrita durante la anamnesis. En este caso, puede no ser un dolor reconocible por el paciente pero, bajo criterio del clínico, debe encontrarse durante una prueba en estructuras o componentes que puedan estar relacionados de forma plausible con los síntomas del paciente (por ejemplo, un dolor lumbar al que se asocia un déficit de extensión de cadera o un dolor posterior de rodilla producto de un déficit en la flexión dorsal del tobillo). Aquí es donde entrarían en conflicto diferentes formaciones realizadas por los clínicos. El dilema clínico en fisioterapia.

Las pruebas clínicas que consigan la reproducción de los síntomas descritos por los pacientes tendrán una gran significancia. Sin embargo, los signos comparables (sin reproducción exacta de los síntomas) tendrán a priori una menor significancia clínica aunque, frecuentemente, suelen tener importancia puesto que tras muchos cuadros similares observados de una forma retrospectiva se podrá observar su asociación o no con el problema principal. Pero este hecho únicamente podrá ser corroborado si un paciente mejora a un tratamiento realizado según la objetivación de un signo comparable. Por ello, si tan solo disponemos de signos comparables durante nuestra evaluación y nuestros tratamientos fracasan, deberíamos rechazar tales signos como algo “significativo” en el problema de un paciente. Habrá que buscar pruebas más sensibles para provocar signos “más comparables” a los síntomas descritos por el paciente. Del mismo modo ocurrirá si un tratamiento es efectivo y, durante la misma prueba de revaloración, no objetivemos el mismo signo comparable (o haya desaparecido). Quizás en ese momento, podamos volver a valorar nuevos signos comparables significativos si persiste en cierta medida el problema. En resumen, el paciente es el que manda. La clínica es la que tiene que guiarnos en nuestro diagnóstico.

Jesús Rubio OchoaJesús Rubio Ochoa Fisioterapeuta. Master de Fisioterapia en los procesos de envejecimiento. Especializándome en fisioterapia clínica y terapia manual contemporánea. Miembro de la Asociación Fisioterapia Sin Red y la Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor.

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