En estas fechas solemos estar melancólicos recordando lo que nos ha acontecido el año que ya termina y pensando en que el próximo será un año mejor. Para mí, este 2017 ha sido un año más donde se ha evidenciado la selva amazónica en la que se sumerge nuestra profesión en España. Una selva llena de diferentes especies que luchan por sobrevivir empleando sus mejores armas bajo un disfraz amparado por la ciencia y el razonamiento clínico. Mis mejores deseos para este 2018 es que por fin se aclare la base conceptual donde se sustenta el razonamiento clínico en fisioterapia. Y es que razonar podemos razonar sobre cualquier idea pero, esto, no hace que en lo que se razone o piense defina correctamente la identidad y competencias de una profesión.

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Y cuando por otro lado la mejor evidencia científica disponible refuta de forma aplastante ideas o conceptos de la “vieja escuela” hay que pasar página y buscar nuevas respuestas por el avance de la profesión. Rechazar esto es anclarse en lo más profundo de la selva…en lo más oscuro. Pero algo está muy claro, hay especies que por miedo a ese cambio o evolución correrán el riesgo a extinguirse. La resistencia al cambio es una barrera para la evolución.

Por otro lado, algunas especies creen que la ciencia es un paradigma de actuación. Correcto. Sin embargo, la ciencia no define exactamente el marco conceptual donde se desarrolla una profesión. La ciencia es ciencia, conocimiento…y el conocimiento pertenece a todos. De echo, eso pasa con la anatomía, la fisiología o neurobiología del dolor…si nos descuidamos un poco podemos ver diferentes profesionales (fisioterapeutas, osteópatas, LCAFyD, psicólogos, etc.) haciendo educación en dolor. En realidad, una ciencia básica entra en tierra de nadie y allá en la profundidad de la selva las especies hacen su competencia feroz. La ciencia no define la identidad de una profesión. La ciencia es conocimiento para todos.

Además, el viejo paradigma de los “agentes físicos” en el cual se ha pretendido adjudicar como identidad de la fisioterapia en España ha generado más confusión que otra cosa ya que un “agente físico” define más bien al fisioterapeuta como un técnico que aplica tratamientos pasivos en búsqueda de mejorar la biología del organismo humano. Pero un agente físico, por definición, tiene un enfoque exclusivo en los tejidos y no en la persona y su entorno. Un agente físico se detiene ahí mismo, hace una definición muy reduccionista y limita gravemente el marco competencial del fisioterapeuta. Por esto mismo, la Terapia Manual se ha visto fagocitada durante años por diferentes especies de la selva al ser comprendida como un agente físico tal como la electroterapia o la termoterapia sin enmarcarse correctamente dentro de un conocimiento basado en la conjetura de hipótesis y su razonamiento clínico.

Y aquí aprovecho de nuevo para citar al gran pensador Max Zusman, ya que hace una profunda reflexión sobre la Terapia Manual bajo el sombrero e identidad que aporta el paradigma del movimiento en fisioterapia…“La inhibición del dolor mediante estímulos mecánicos pasivos tiene su interés en la medida en que son encuadrados en un programa de exposición gradual al movimiento” (Zusman M, A note to the musculoskeletal physiotherapist. Journal of back and musculoskeletal rehabilitation, 2012, 25(2):103-107).

Para concluir el 2017, Shirley Sahrmann nos hace una reflexión en este artículo a raíz de que la American Physical Therapy Association (APTA) designara ya hace 4 años al paradigma del movimiento como seña de identidad donde se deben desarrollar las competencias propias de nuestra profesión (APTA, 2013). La APTA ha reconocido la necesidad de una identidad acorde con la evolución durante los últimos 30 años ya que el fisioterapeuta ha pasado a considerarse un profesional de primera intención con unas capacidades propias de diagnóstico (del movimiento) y de tratamiento (basado en el movimiento) bastante alejadas aún con terminología común al colectivo médico. Hace años, el médico era el que prescribía fisioterapia (agentes físicos) a sus pacientes pero en la actualidad la fisioterapia se deriva y es donde se hace necesaria esta identidad basada en la valoración y tratamiento del sistema de movimiento, donde el fisioterapeuta se aleja de la etiqueta de “técnico” ya que ha pasado a ser considerado desde un marco de conocimiento.

Como última reflexión, si bien nos alejamos del modelo biomédico y/o patoanatómico porque no acaba de saber explicar el dolor de una persona biopsicosocial, al mismo tiempo debemos hacer una crítica constructiva en relación al modelo cinesiopatológico que defiende Sahrmann ya que la ciencia no nos ha podido mostrar una relación entre una alteración del movimiento y el dolor. Pero de lo que sí estoy seguro es que es un gran error no contemplar en profundidad el sistema de movimiento (que incluye múltiples subsistemas tanto a nivel periférico como central) en nuestros pacientes con dolor. Esto es lo que define al fisioterapeuta, ya que somos facilitadores del movimiento a varios niveles…empleando diferentes estrategias de movimiento desde la periferia con el objetivo de provocar cambios corticales que generen respuestas adaptativas en el organismo. Al fin y al cabo, el movimiento es vida y el fisioterapeuta puede mejorar la calidad de vida a través del movimiento.

Que este 2018 traiga muchas cosas buenas a la fisioterapia y lo podamos compartir. De momento toca despedirse de la selva y sus agentes físicos.

FELICES FIESTAS A TOD@S

Jesús Rubio

Fisioterapeuta

 

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